Un residuo no representa lo mismo para todo el mundo. Para los hermanos vascos Mikel y Amaya Treviño puede ser sinónimo de dinero, todo es cuestión del valor del material que contenga y el coste de recuperarlo.
Su padre, Enrique Treviño, fue chatarrero y les dejo un pequeño negocio que ha acabado transformandose en Reydesa Recycling, una empresa con varias sociedades y 120 trabajadores, instalada en Legutiano (Álava), que recicla al año 70.000 toneladas de residuos férricos, 70.000 de restos de acerías y 25.000 de material no férrico de vehículos y desechos electrónicos, como ordenadores y electrodomésticos.
Para entender el cambio tan radical experimentado por esta empresa familiar en los últimos años basta acompañar en su proceso de transformación cualquiera de los materiales que entran en sus instalaciones: como un coche en desuso. Cuando antes llegaba unos de ellos a un desguace, era compactado y abandonado entre montañas de chatarra hasta el día que alguien necesitase una pieza.
Hoy, la cada vez más estricta legislación ambiental ha proscrito los cementerios de automóviles y cada uno de estos cadáveres de chapa debe ser recuperado para que vuelva a dar vida a otros productos.
Puedes seguir leyendo la notícia completa descargandola en formato PDF